Vuestro abuelo, aclamado enólogo de gran reputación y propietario de los viñedos con más prestigio del país, falleció hace poco debido a su longeva edad.
Repartió sus bienes entre sus dos hijos. Para uno, el caserón de la familia con su famosa zona de vinos en el sótano, y para vuestro padre, el último saco de semillas de esas uvas tan especiales que le llevaron a la fama.
Sin embargo, el avaro de vuestro tío, se ha quedado con el pequeño saquito también. Por suerte hemos localizado a un trabajador descontento, que por un módico precio, nos abrirá las puertas del caserón.
¿Seréis capaces de recuperarlas?